¿Te das cuenta? Me tiembla la mano. Si te digo la verdad no sé si es por el frío que traspasa mis poros con aires altivos o, simplemente, porque tengo miedo a lo que me pueda pasar. ¡Qué vas a saber tú de eso! Siempre has contado con mi protección, con alguna de mis manos resguardándote y que te ha dado calor durante todos estos años. De acuerdo, reconozco que tú también has cumplido con tu parte de la misión, pero no vas a negar que ha sido gracias a mí.
Te estás riendo. ¿Te crees que a pesar de ser como eres no soy capaz de reconocer tu sonrisa? Entre esas formas redondeadas alcanzo a descubrir tu silueta y un haz de luz se escapa de tu mirada siempre que aprieto el gatillo. Me estás observando y por tu cabecita de hojalata caminan los pensamientos más crueles que jamás hayas podido imaginar. Es curioso, a veces me sorprendes, incluso creo que tienes más claro que yo nuestra misión aquí.
¿Qué pasa? ¿Te hace gracia lo que ves ahí fuera? Desde luego que lástima no te dan. ¿Ni un poquito? ¡Bah! A mí tampoco. Se lo merecen. E insisto, sé que tú opinas lo mismo. Mira cómo siguen nuestras órdenes a pesar de que todo vaya a terminar. Ya, ya, no hace falta que me digas que ellos todavía no lo saben, pero lo sabrán. Cómo si lo sabrán. No pienso dejar que escapen después del esfuerzo que nos ha supuesto durante los últimos seis años. Viéndome ahora, con miedo o frío, aún no lo sé, ¿no crees que me parezco a ellos? Tienes razón, se merecen lo que tienen. Lástima que no vayan a dejarnos terminar nuestro trabajo. ¿Verdad pequeña?
Echando la vista atrás no me imagino cómo es posible que haya conseguido tener esta relación contigo. Hemos sido más que amigos, hermanos, diría yo. Es normal, después de tantos años juntos. Tú y yo nos encontramos por primera vez en… Eso es, ¿lo recuerdas? Me parecías tan bonita…Juré estar siempre contigo, hasta el final de los días, y, así parece que vaya a ser.
Mira el calendario: abril de 1945. Has estado casi dos mil días encerrada conmigo aquí, lejos de nuestro querido Berlín. ¿No te imaginas cómo estarán sus calles? Sé que piensas todos los días en él, al igual que yo. Pero has cumplido con tu deber… hasta el final de tus…, de mis días. No pienses que me vas a convencer, sabes que soy más terco que el mismísimo Führer. Tú misma me vas a ayudar a saltar al otro lado.
¿Lo escuchas? Veo que lo tienes claro, ni siquiera tú crees que pueda escapar. Ahora tiemblas tú…No, no te dejes llevar, haz un último esfuerzo, por mí. Han conseguido traspasar la alambrada y esos harapos humanos se les echan a los pies. Mira cómo les ayudan. Ahora vienen hacia aquí.
No te muevas, te están mirando. Creen que vas a hacer una locura, pero me gustaría que les explicaras que solo me vas a hacer un último favor. No quiero que me apunten ellos, ¿me escuchas? ¡Quiero que me mates tú! ¡No te resistas! Mírame con tu ojo negro. Escupe por última vez tu llama de metal y haz realidad mi último deseo…
…hasta siempre.
No hay comentarios:
Publicar un comentario